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viernes, 23 de junio de 2017

Características de una buena autoestima

Branden, (1997), señala que la autoestima es “esencial para el ser humano e imprescindible para que éste pueda funcionar y comportarse de forma adaptada y equilibrada”. Es, una poderosa necesidad humana que conlleva lo siguiente:

1.     Tener confianza en la propia capacidad de pensar y afrontar los desafíos de la vida.

2.     Tener confianza en el derecho a ser felices, el sentimiento de ser dignos, de merecer, y tener capacidad para afirmar nuestras necesidades y disfrutar de lo conseguido con nuestro esfuerzo.

Hoy vamos a enumerar algunas de las características que podemos destacar de las personas que tienen una autoestima adecuada.

Es tolerante consigo misma y con los demás. La persona que se valora positivamente también valora positivamente a los demás.

Acepta sus limitaciones y actúa con seguridad. Se considera dueña y responsable de su comportamiento, no identifica como responsable de sus fracasos a agentes externos a él. Acepta las críticas y sugerencias de los demás sin el temor a disminuir su autoestima, porque entiende estos comentarios como aspectos a mejorar o cambiar.

Es asertivo. Hace compatible la defensa de sus derechos y necesidades con el respeto a los derechos de los demás. Se muestra segura y estable en sus relaciones personales. La valoración que los demás hacen de su conducta las usa de referencia no como determinante. Tiene la sensación de autocontrol emocional, y se permite expresión de sentimientos y emociones agradables y desagradables hacia los demás y hacia ellos mismos.

Genera conductas sanas, productivas y equilibradas. En situaciones de amenaza o experiencias de fracaso, las personas con una adecuada autoestima tienden a utilizar estrategias favorables para manejar esas situaciones.


¿Cómo crees que es tu autoestima?


viernes, 12 de mayo de 2017

¿Rivales o enemigos?

El miércoles en Madrid tuvo lugar el partido de vuelta de Champions, y como ya sabréis todos, enfrentó al Atlético de Madrid contra el Real Madrid. Otro derbi. Y otra vez peleas.

Estaba viendo el partido en un bar. Y veía a todos los seguidores insultando al televisor. Hombres, mujeres y niños. Y no podía parar de pensar en qué sentido tenía insultar a alguien, que, en este caso, te lleva ventaja. Por mucho que nos enfademos e intentemos menospreciar a nuestros rivales, sean deportivos o no, no van a ser peores.

¿No tendría más sentido luchar por ser nosotros mejores por nuestros propios medios en lugar de intentar minimizar a nuestros adversarios con insultos o de una forma intimidante y agresiva? Y, además, si los propios competidores parece que tienen esto bastante claro, ¿por qué aquellos que son simples espectadores no?

El deporte requiere del aprendizaje de valores como trabajo en equipo, superación, esfuerzo, constancia, diversión, y competición. Saber perder también forma parte del juego. Porque en la vida igual que en el deporte, unas veces se gana y otras se aprende, que dicen algunos. Un ejemplo que vi hace poco fue en las semifinales del Trofeo Conde de Godó, cuando el tenista argentino Horacio Zeballos subió esta foto a sus redes tras perder contra Rafa Nadal . 

Nos escandalizamos cuando en los partidos de los más pequeños hay episodios violentos entre sus padres, o de sus padres hacia los árbitros, o de sus padres hacia los rivales. Y en los medios siempre se habla de lamentables episodios violentos que deben desaparecer, pero continúan ahí cada vez que hay un acontecimiento deportivo de mucho peso.

Deberíamos hacernos la siguiente pregunta, ¿desde mi posición, fomento de alguna manera la violencia?

Y de ser así, ¿qué voy a hacer al respecto?



viernes, 17 de marzo de 2017

Enfadarse es fácil

“Enfadarse es fácil, pero enfadarse con la persona adecuada, en el momento oportuno, con el propósito justo y de la forma correcta, esto ya no es tan fácil.”
Aristóteles

Todos discutimos. A veces no compartimos opinión con nuestros familiares, compañeros de trabajo o personas con las que nos relacionamos en nuestro día a día.

A la hora de discutir es importante mantener una conducta asertiva. Una persona con conducta asertiva negocia, no trata de “vencer” sino de llegar a un acuerdo, pide aclaraciones si no comprende algo, da su opinión sobre los temas, dice “no”, es capaz de pedir favores cuando es necesario, comenta cuando hay un problema y expresa sus sentimientos. Si no nos comportarnos de manera asertiva podemos experimentar ansiedad, impotencia y culpabilidad.

En la práctica, la asertividad supone el desarrollo de la capacidad para:
  •  Expresar sentimientos y deseos positivos y negativos de una forma eficaz, sin negar o menospreciar los derechos de los demás y sin crear o sentir vergüenza.
  • Discriminar entre la aserción, la agresión y la pasividad. 
  • Defenderse, sin agresión o pasividad, frente a la conducta poco apropiada o razonable de los demás.

Desarrollar la capacidad de ser asertivo supondrá un aumento de nuestra autoestima, un incremento del respeto que nos tenemos a nosotros mismos y de nuestra confianza, ya que reconocemos nuestra capacidad de reafirmar nuestros derechos.

¿Cómo podemos ser asertivos cuando estamos enfadados?

Cuando te sientas furioso o creas que estás siendo atacado:
Es fundamental que te centres en lo que está sintiendo. Cuando nos enfurecemos comenzamos a discutir en lugar de decir cómo nos sentimos. Queremos llevar la razón y estamos convencidos, así que discutiremos para tratar de convencer al otro. A su vez, la persona con la que discutimos intentará hacer los mismo. No se trata de llevar la razón o convencer al otro. Di lo que sientes. Se trata de compartir tus sentimientos y no de atacar al otro con ellos.
  • Mantén una actitud negociadora. Olvida la primera reacción de deseo de atacar o culpabilizar a la otra persona.
  • Evita caer en la tentación de discutir, hacer reproches o contraatacar.
  • Expresa tus sentimientos con afirmaciones no desafiantes del tipo “me siento”, “me preocupa que...”.
  •  No te pongas a la defensiva. Ignora tu deseo de atacar o de culpabilizar a la otra persona.
  • Intenta mantener una actitud de mutuo respeto para que nadie tenga que quedar mal o sentirse humillado.


Estas son algunas consideraciones que deberemos tener en cuenta a la hora de desarrollar la asertividad: respetar al otro, mantener una actitud negociadora y focalizarnos en nuestros sentimientos.  


viernes, 17 de febrero de 2017

No ofende quien quiere, sino quien puede

La ira es una emoción y como tal se dispara de forma automática ante determinadas situaciones. En el mundo animal la ira (por ejemplo, cuando un perro gruñe y enseña los dientes) sirve para marcar territorio. Para ello es necesario que los animales se cargan de mucha energía.

En nuestro mundo la ira aparece generalmente frente a situaciones que interfieren con nuestros objetivos. Se activa cuando nos ponemos en alerta o nos sentimos amenazados, no solo para defendernos sino para sostenernos. Como toda emoción tiene una función, en este caso preparar al cuerpo para el esfuerzo necesario para vencer el obstáculo que se ha presentado.

Tendemos a consideramos la ira como algo malo, porque en la mayoría de los casos va asociada a la agresividad. Por eso, en muchas ocasiones intentamos evitar la ira y la frustración y dejamos de utilizarla. Si no usamos esa energía quedará acumulada y tendremos que darle salida en algún momento. Podemos utilizarla para respetarnos a nosotros mismos y hacernos respetar por los otros, conseguir nuestros objetivos sin necesidad de ser agresivo ni enseñarle los dientes a nadie para ello. La principal diferencia entre la ira y la agresividad es que la ira es una emoción y por lo tanto sus efectos son pasajeros, mientras que la agresividad es una conducta, que puede ser más o menos impulsiva, más o menos consciente y puede estar o no dirigida a dañar a otros. Ante una discusión o problema nos será más costoso solucionarlo de manera asertiva, ya que la ira descontrolada merma nuestra capacidad de ser asertivos.

Algunos problemas que plantea el mal manejo de la ira:

La agresividad se puede convertir la primera alternativa para conseguir objetivos. Es posible que no contemos con las habilidades necesarias o bien teniéndolas no seamos capaces de ponerlas en práctica. Esto suele suceder en ambientes donde se normaliza la agresividad y nunca se les ha puesto límites. Estos casos, es muy difícil para la impulsividad.

Responder de manera agresiva desmesurada a algo que no tiene tanta importancia. En realidad, reaccionamos a todo lo que nos ha ocurrido previamente. No desborda el vaso la gota más grande sino la última. No reaccionamos a lo que consideramos más grave sino a lo último que nos sucede. Como otros o incluso nosotros mismos, podemos considerar nuestra reacción desmesurada y tenderemos a reprimirla. Esto provocará que evitemos el conflicto por lo que nuestra siguiente reacción será más violenta.

Descargar la ira en situaciones seguras. Si hemos estado conteniendo la ira de forma habitual, ésta explote en una situación segura. Estallamos o sentimos la necesidad de descargar toda esa ira contenida. Si hemos tenido una pelea con nuestro jefe y hemos preferido no enfrentarnos a él puede que al llegar a casa descarguemos todo ese enfado con nuestra pareja.

Otro problema puede surgir cuando nosotros interpretamos que existe un ataque y una dificultad que no es vista de la misma forma por los demás. Este problema suele ocurrir cuando interpretamos las situaciones y las intenciones de los demás en lugar de reaccionar a lo que está ocurriendo sin entrar a juzgarlo. Por ejemplo, si el profesor me saca a la pizarra es porque me tiene manía y lo hace para fastidiarme.

Para poder manejar nuestra agresividad es necesario reaccionar de forma inmediata a los problemas y frustraciones. Para ello, necesitamos incorporar a nuestro repertorio conductas asertivas y habilidades de comunicación que nos permitan resolver los conflictos de una forma en la que nos hagamos respetar y respetemos a los demás.

Os dejamos este breve relato para reflexionar. Esperamos que os haya resultado de interés. En futuras entradas hablaremos más en detalle sobre la asertividad. ¡Estad atentos!

El árbol de los problemas

El carpintero que había contratado para que me ayudara a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se estropeó y le hizo perder una hora de trabajo, y ahora su antiguo camión se niega a arrancar. Mientras lo llevaba a su casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación: su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente, me acompañó hasta el coche. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que le había visto hacer un rato antes.
-¡Oh!, ése es mi árbol de problemas – contestó -. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que, simplemente, los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego, en la mañana, los recojo otra vez. Lo divertido es – dijo sonriendo - que cuando salgo en la mañana a recogerlos, ni remotamente hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior. 
Fuente anónima