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viernes, 17 de marzo de 2017

Enfadarse es fácil

“Enfadarse es fácil, pero enfadarse con la persona adecuada, en el momento oportuno, con el propósito justo y de la forma correcta, esto ya no es tan fácil.”
Aristóteles

Todos discutimos. A veces no compartimos opinión con nuestros familiares, compañeros de trabajo o personas con las que nos relacionamos en nuestro día a día.

A la hora de discutir es importante mantener una conducta asertiva. Una persona con conducta asertiva negocia, no trata de “vencer” sino de llegar a un acuerdo, pide aclaraciones si no comprende algo, da su opinión sobre los temas, dice “no”, es capaz de pedir favores cuando es necesario, comenta cuando hay un problema y expresa sus sentimientos. Si no nos comportarnos de manera asertiva podemos experimentar ansiedad, impotencia y culpabilidad.

En la práctica, la asertividad supone el desarrollo de la capacidad para:
  •  Expresar sentimientos y deseos positivos y negativos de una forma eficaz, sin negar o menospreciar los derechos de los demás y sin crear o sentir vergüenza.
  • Discriminar entre la aserción, la agresión y la pasividad. 
  • Defenderse, sin agresión o pasividad, frente a la conducta poco apropiada o razonable de los demás.

Desarrollar la capacidad de ser asertivo supondrá un aumento de nuestra autoestima, un incremento del respeto que nos tenemos a nosotros mismos y de nuestra confianza, ya que reconocemos nuestra capacidad de reafirmar nuestros derechos.

¿Cómo podemos ser asertivos cuando estamos enfadados?

Cuando te sientas furioso o creas que estás siendo atacado:
Es fundamental que te centres en lo que está sintiendo. Cuando nos enfurecemos comenzamos a discutir en lugar de decir cómo nos sentimos. Queremos llevar la razón y estamos convencidos, así que discutiremos para tratar de convencer al otro. A su vez, la persona con la que discutimos intentará hacer los mismo. No se trata de llevar la razón o convencer al otro. Di lo que sientes. Se trata de compartir tus sentimientos y no de atacar al otro con ellos.
  • Mantén una actitud negociadora. Olvida la primera reacción de deseo de atacar o culpabilizar a la otra persona.
  • Evita caer en la tentación de discutir, hacer reproches o contraatacar.
  • Expresa tus sentimientos con afirmaciones no desafiantes del tipo “me siento”, “me preocupa que...”.
  •  No te pongas a la defensiva. Ignora tu deseo de atacar o de culpabilizar a la otra persona.
  • Intenta mantener una actitud de mutuo respeto para que nadie tenga que quedar mal o sentirse humillado.


Estas son algunas consideraciones que deberemos tener en cuenta a la hora de desarrollar la asertividad: respetar al otro, mantener una actitud negociadora y focalizarnos en nuestros sentimientos.  


viernes, 10 de marzo de 2017

¿Jugar es cosa de niños?


Piensa en la última vez que jugaste, ¿lo recuerdas o fue tanto tiempo que ya lo has olvidado? En algún momento los adultos perdimos el derecho a jugar y a pasarlo bien. Ese placer que te ofrece hacer cosas que te gustan por el simple hecho de que te gustan.

¿Jugar podría ayudarnos en nuestra lucha contra los estresores del día a día? La respuesta es .
Las consecuencias de sufrir altos niveles de estrés son más o menos reconocidas por todos: fatiga, debilidad, dolor muscular, problemas de sueño, depresión, irritabilidad, son algunos síntomas de una larga lista.
La Asociación Americana de Psicología señala que las actividades placenteras, realizadas durante el tiempo de ocio, actúan como un factor de protección para nuestra salud. Algunos de los beneficios que nos pueden aportar son la relajación, el apoyo en el manejo de las emociones, y nos proporcionan un espacio y tiempo de escape.
Además, realizar actividades placenteras en nuestro tiempo libre permite que nos distanciemos de nuestros problemas ya sea porque nos distrae de esos pensamientos o por las sensaciones positivas que nos genera la propia actividad. El distanciamiento de los problemas provoca que nos enfrentemos a los mismos de una forma más positiva y optimista, y seamos capaces de generar nuevas formas de solución. Las actividades placenteras por tanto pueden suponer un alivio de las preocupaciones ya que nos permiten centrar nuestra atención en estímulos que nos resultan agradables, siento esto incompatible con los estados de estrés.
Por lo tanto, no dejemos el juego solo para los niños. Aprendamos de ellos y disfrutemos de las cosas que nos han hecho feliz desde pequeños.