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viernes, 19 de mayo de 2017

Machismo en el fútbol base

La semana pasada ya hablamos de la violencia en el deporte. Y casualmente esta semana he visto un reportaje en La Sexta en el programa “El Intermedio” que trataba sobre el machismo en el deporte. En él, Thais Villas entrevistaba al entrenador del equipo femenino de fútbol AEM de Lleida. Os dejo un pequeño fragmento y os invito a que lo veáis. El AEM Lleida es un equipo femenino que se ha proclamado campeón de la Segunda División Infantil masculina en Cataluña.

Este entrenador comenta que los principales problemas no los han tenido con los rivales sino con los padres de dichos rivales. Estos padres les decían a sus hijos que por qué se dejaban ganar por las chicas, o gritaban a las jugadoras que se fueran a fregar.

Las personas que están en contacto con el deporte base saben lo importante que es inculcar valores como aprender a disfrutar, a perder, a respetar al rival, a sacrificarse, y en definitiva, a competir. Pero esta tarea resulta muy complicada cuando el comportamiento de los padres en la grada es antideportivo y vergonzoso. Todavía nos queda mucho por hacer en el campo de la educación y el respeto. Tolerar la frustración, respetar las diferencias, aceptar nuestros propios miedos y dificultades.
Estas iniciativas merecen tener un espacio en los medios y ganar visibilidad. Por un lado, para que seamos conscientes de todo el trabajo que tenemos pendientes, clubes, jugadores y padres. Por otro lado, para que se siga apoyando la inclusión, en este caso, de deportistas y jugadoras en femenino.

Queremos dar la enhorabuena a todas aquellas personas que tienen iniciativas tan buenas como las del AEM Lleida, que están dispuestos a hacer las cosas diferentes para obtener un resultado diferente y tienen un interés por hacernos mejores.

Las chicas saben salir a ganar. Porque como dice la canción "Las chicas son guerreras". 





viernes, 12 de mayo de 2017

¿Rivales o enemigos?

El miércoles en Madrid tuvo lugar el partido de vuelta de Champions, y como ya sabréis todos, enfrentó al Atlético de Madrid contra el Real Madrid. Otro derbi. Y otra vez peleas.

Estaba viendo el partido en un bar. Y veía a todos los seguidores insultando al televisor. Hombres, mujeres y niños. Y no podía parar de pensar en qué sentido tenía insultar a alguien, que, en este caso, te lleva ventaja. Por mucho que nos enfademos e intentemos menospreciar a nuestros rivales, sean deportivos o no, no van a ser peores.

¿No tendría más sentido luchar por ser nosotros mejores por nuestros propios medios en lugar de intentar minimizar a nuestros adversarios con insultos o de una forma intimidante y agresiva? Y, además, si los propios competidores parece que tienen esto bastante claro, ¿por qué aquellos que son simples espectadores no?

El deporte requiere del aprendizaje de valores como trabajo en equipo, superación, esfuerzo, constancia, diversión, y competición. Saber perder también forma parte del juego. Porque en la vida igual que en el deporte, unas veces se gana y otras se aprende, que dicen algunos. Un ejemplo que vi hace poco fue en las semifinales del Trofeo Conde de Godó, cuando el tenista argentino Horacio Zeballos subió esta foto a sus redes tras perder contra Rafa Nadal . 

Nos escandalizamos cuando en los partidos de los más pequeños hay episodios violentos entre sus padres, o de sus padres hacia los árbitros, o de sus padres hacia los rivales. Y en los medios siempre se habla de lamentables episodios violentos que deben desaparecer, pero continúan ahí cada vez que hay un acontecimiento deportivo de mucho peso.

Deberíamos hacernos la siguiente pregunta, ¿desde mi posición, fomento de alguna manera la violencia?

Y de ser así, ¿qué voy a hacer al respecto?



lunes, 8 de mayo de 2017

ADICCIÓN


¿Qué son las adicciones sin sustancia?

Estas adicciones también conocidas como adicciones comportamentales,  cada vez están más extendidas o por lo menos que tienen una mayor visibilidad en la actualidad.

Adicción a internet, al móvil, videojuegos, sexo, televisión, a las compras, a las líneas eróticas, al deporte, al juego, al trabajo,  o  a la comida, son algunas de ellas. Otras surgen de combinar dos de estos aspectos, por ejemplo la adicción a las compras por internet.
 
 

Estas conductas en un principio comunes y que todos llevamos a cabo con más o menos frecuencia en nuestra vida cotidiana, puede llegar a ser un problema cuando conlleva una pérdida de control, es decir, realizamos estas conductas sin capacidad de elegir cuando parar (¡ojo! Porque es importante saber cuando realmente tenemos la capacidad de parar o es una ilusión, el típico “yo controlo” o negación, que también suele estar presente en adicciones con sustancia).

Además de la pérdida de control, también se puede apreciar una dependencia psicológica hacia esta conducta, nuestros hábitos y pensamientos giran en torno a esta conducta, si no realizamos esta conducta no nos sentimos “bien”.

Otra característica de este tipo de adicciones, es seguir manteniendo la conducta a pesar de que las consecuencias son más negativas que positivas, entre ellas que dejamos de hacer actividades que antes realizábamos, se puede apreciar un mayor aislamiento social.

Estas conductas que se convierten en repetitivas, conllevan un proceso emocional confuso, ya que se pasa del placer a la culpa.

¿Por qué se han empezado a  considerar adicciones?

Porque además de compartir las características anteriores con las adicciones con sustancias (pérdida de control, dependencia, más consecuencias negativas), también como estas se suelen utilizar para afrontar situaciones o emociones que nos resultan desagradables (tristeza, estrés, frustración, miedo…), aunque empiezan por que nos generan placer más adelante se mantienen por evitar la ansiedad que nos aportan tanto las situaciones conflictivas como el síndrome de abstinencia que provoca no realizar la conducta y tienden a generar tolerancia, es decir, cada vez necesitamos realizar más esta conducta para conseguir los mismos efectos.

¿Cómo podemos saber si tenemos una adicción sin sustancia?

Prueba a estar un tiempo (por ejemplo una semana o un mes) intentando controlar esta conducta, esto quiere decir, que la realicemos con una frecuencia, intensidad y que el tiempo o dinero invertido menor, y de forma planificada y controlada (ejemplo: voy a reducir la conducta a una vez a la semana, X día en X sitio durante X tiempo, no hace falta que sea seguido al milímetro, pero sí que se planifique en lo básico para que se aleje mucho de esta planificación se pueda considerar pérdida de control)